¿Teatro o poesía? ¡Ambos!

¿Son los colores del cielo o de la familia Borbón? En esta obrita en verso pero sin verso, Belgrano crea la bandera argentina con singular emoción. Una buena idea, de Alejandra Erbiti.


Imagen por Paola Zakimi

 

ACTO ÚNICO

PERSONAJES:
SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA
DON MANUEL BELGRANO
LA COSTURERA
DAMA JUANA (UNA DAMA ANTIGUA)

(Un salón colonial, en la casa de don Manuel Belgrano; al fondo, un gran ventanal; se ven oscuros nubarrones de tormenta. Don Manuel camina inquieto; la costurera está cosiendo, sentada junto a una mesa donde hay una montaña de retazos de telas de todos los colores. El soldadito de la Independencia está firme en el proscenio y comienza a moverse ni bien se dirige al público.)

SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA: (Muy expresivo y con muchos ademanes.)
Era un día muy nublado,
de esos días, grises, grises.
En casa estaba Belgrano
buscando lindos matices.

DON MANUEL BELGRANO:
Para crear la bandera,
al cielo voy a mirar,
de allí saldrán los colores
que en ella van a brillar.

SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA:
Así, don Manuel Belgrano,
se asomó por el balcón,
y al ver el cielo nublado,
se le estrujó el corazón.

Suspirando desolado,
lleno de pena sincera,
exclamó con voz llorosa:

DON MANUEL BELGRANO:
¡Qué fea me va a salir la bandera!

LA COSTURERA:
¡No se aflija, general!
¡Busque otro colorcito!
Mire este almohadón floreado
¿No le parece bonito?

DON MANUEL BELGRANO:
¿Bonito? ¡Para almohadón!,
¡y hasta para una campera!,
¡pero es un mamarracho
para hacer nuestra bandera!

SOLDADITO DE LA INDEPENDENCIA:
¡Qué problema, general,
este asunto del color!
Si usted necesita ayuda,
yo tengo un tío pintor.

LA COSTURERA:
¡Qué pintor, ni qué pinceles!
¡De seda tiene que ser!
¡De un paño grande y brillante,
que todos la puedan ver!

(Se escucha la campanilla de la puerta y enseguida entra muy alborotada Dama Juana, una dama antigua muy coqueta, trayendo en sus manos un enorme retrato de la familia Borbón, donde se pueden ver los bandos celestes y blancos sobre sus trajes.)

DAMA JUANA: (Mostrando a todos el cuadro, incluso al público.)
¡Miren qué lindo cuadro
para adornar el salón!
Una pintura de Goya
de la familia Borbón.

DON MANUEL BELGRANO:
¡Es don Fernando, el rey,
es Fernando de Borbón!
¡Miren qué linda faja
le sostiene el pantalón!

DAMA JUANA:
Es blanca y azul celeste,
como el cielo en la montaña
y está de última moda,
aquí, allá y en España.

DON MANUEL BELGRANO:
¡Empiece a cortar la tela
costurera, costurera!

TODOS: (Agitando en sus manos trozos de telas celestes y blancos.)
¡Ya tenemos los colores
para hacer nuestra bandera!

APAGÓN O TELÓN

Coplero criollo

En esta oportunidad vamos a aprender acerca de un texto muy gracioso y muy nuestro:

LAS COPLAS

Pero… ¿qué es una copla?

La copla es una forma poética de origen español, generalmente en forma de canción, adoptada por los gauchos de nuestro país. Está compuesta por cuatro versos. El lenguaje utilizado es coloquial (informal) y directo, aunque se recurre a menudo al doble sentido para conseguir efectos cómicos o paródicos. La variedad de sus temas es ilimitada. Veamos algunos ejemplos:

- Festivas:

Un diablo se cayó al agua,
otro diablo lo sacó
y otro diablo le decía:
- ¿Cómo diablo se cayó?

- Sentimentales:

Los besos que dan las madres
dicen que son los mejoresmolina20campos20florencio201891-195920-20dancers20with20guitars
eso será pa’ los chicos
pero no pa’ los mayores

- Galantes:

Es tanto lo que te adoro,
es tanto lo que te quiero,
que si me sacan los ojos
te miro con los aujeros

- Satíricas:

Cuando Dios formó este mundo
hizo los hombres de barro;
pero para hacerlo a usted
tuvo que raspar el tarro.

- Faunescas:

En el fondo de la mar
suspiraba un tero-tero
y en el suspiro decía:
“¡Qué lindo es vivir soltero!”

- Disparatadas:

A orilla de una laguna
estaba un sapo en cuclilla,sapo1
con la navaja en la mano
haciéndose la patilla.

- Gastronómicas:

Me gusta la cinta verde
porque ees color de esperanza
más me gustan las humitas
porque me llenan la panza.

Hago una invitación a todos aquellos que quieran publicar sus propias coplas.

Los alumnos de cuarto pueden enviar las que han elaborado a partir del análisis del libro La batalla de los monstruos y las hadas: del Colofón Definitivo al Hada Mariana, y viceversa. Los esperamos..

Poema-chiste para leer antes de cocinar

El Cocinero distraído

(Chiste en verso)

El cocinero Fernando,

pasaba el día pensando

-sin pensar en lo que hacíase

le olvida echar la sal,

nunca pela las patatas

y le sale el guiso mal.

La paella sin arroz.

(¡Qué atroz!)

Lo peor fue el otro día…

Encerrado en la cocina,

peló viva a una gallina

y en el horno la metió…

(Pasó un rato…)

Y la gallina gritó temblando:

- Fernando, Fernando,

o enciendes el horno

o me pones las plumas.

¡Que me estoy helando!

Gloria Fuentes

¿Conocés Villa Niloca?

 

Les dejo aquí una interesante lectura para compartir en casa:

 

De cómo sucumbió Villa Niloca

(entre las garras del mal tiempo)

 Para los que nunca fueron de visita —cosa que dudo— les cuento que Villa Niloca es un pequeño poblado ubicado acá nomás. En él, en el poblado digo, los habitantes tienen la propiedad de hacer lo necesario sin ganas. Y lo demás… no hacerlo. ¿Cómo les explico?

A ver: los nilocos saben de memoria que es imprescindible plantar árboles para que los pájaros puedan construir sus nidos. Entonces, sin ganas y protestando, los plantan. Ponen semillas en la tierra y esperan a que los árboles crezcan. Ahora bien: si uno les dice que después de un tiempo hay que podar las ramas y regarlos, ellos contestan: ” ¡ Ah no!” ” ¡Eso no!” “¡Ni locos!”. Y entonces las pobres plantas crecen tristes, sin fuerza y mas de una vez se mueren resecas con el primer otoño.

—Hay que talar este árbol seco— dice entonces una niloca.

—Yo, ni loco— le contesta su marido.

Todo es así en Villa Niloca. A la hora de cenar, para poner la mesa los miembros de la familia se pelean. Y, como por supuesto, viviendo en esa villa son todos “nilocos”, terminan apoyando la comida en cualquier parte y (aunque no lo crean) comiendo con las manos.

26Dicen que dicen que este pueblo fue fundado hace mucho por don José de la Pereza quien durante largo tiempo gobernó Villa Niloca protegido por un valeroso ejército. Eso es lo que se dice por ahí. Y que el lema de estos conquistadores fue: “¿Para qué hacer las cosas bien si se pueden hacer más o menos?”

Los nilocos, como es natural, acostumbrados desde chiquitos (desde niloquitos) a la educación impartida por los hombres de don José de la Pereza, son, tal vez sin quererlo, perezosos de ley.

Hace pocos días, sin embargo, algo sucedió que según parece, cambió los ánimos de los villanilocos y los hizo pensar.

Fue el “bombardeo celeste a la hora de la siesta”. En realidad, sólo una fuerte tormenta de granizo que causó verdaderos estragos en el pueblo niloco. Sobre todo porque, imprevistamente, les interrumpió la sagrada siesta. No sé si les dije que en las casas de Villa Niloca no existen los techos.

No. No existen. Porque cuando alguien sugirió una vez que los techos eran importantes para protegerse de los malos tiempos, los nilocos respondieron a coro: ” ¡ Ah no!” ” ¡Ni locos vamos a construir techos!” “Bastante trabajo nos costó hacer las paredes…”

Y como Villa Niloca tiene un clima bueno y la gente se defiende de la lluvia tapándose con enormes bolsas de plástico, nunca se preocuparon por los techos.

Hasta hace pocos días. Porque por primera vez cayó una tormenta de granizo y las bolsas de plástico no sirvieron ni para ponerse a salvo de los truenos.1

¡Pláfate! ¡Ploff! Los pedacitos de hielo cayeron sobre los nilocos dejando, en algunos casos, heridos de cierta importancia. Y esto no fue todo.

—i Vamos al hospital!—dijo una niloquita a su abuela cuando la vio lastimada.

—¡Ni loca! —le respondió su abuela.

—¿Cómo ni loca?

Y cuando a la fuerza logró arrastrarla, el médico de guardia las miró con mala cara y balbuceó:

—Ni loco voy a atenderlas a la hora de la siesta.

—¿Cómo ni loco?

Uno encadenado al otro, los sucesos provocaron un verdadero desastre en Villa Niloca. Heridos, peleas, gritos. Casi la destrucción.

Hasta que un joven niloco propuso calma. Y sin que nadie dijera “ni locos vamos a calmarnos”, toda la población se fue tranquilizando y se dispuso a meditar.

— Pensemos— se decían unos a otros los nilocos—. Pensemos.

Y desde entonces es eso lo que están haciendo: pensando.

Tal vez pase mucho tiempo hasta que en Villa Niloca los habitantes comprendan por qué son como son y de qué manera podrían cambiar.

Lo importante es que, tanto en esa villa como en cualquier otra parecida, la gente se preocupe por vivir mejor. Aunque para eso haya que trabajar mucho. Aunque, al fin de cuentas, haya que enfrentar si es necesario, a don José de la Pereza cuyas ideas sobreviven entre sus fieles sucesores.

 

Por Silvia Schújer

¿Qué es un Limerick?

 

 

Quizás ya los conocen, pero si no es así, y si la palabra les suena bastante rara, les cuento que son poemas cortos, generalmente chistosos, con una estructura específica. Los limericks tienen una forma estándar de cinco líneas y un esquema de rima de aabba. ¿Qué quiere decir esto? Que el primer verso (el primer “renglón”), rima con el segundo y con el quinto, mientras que el tercero y el cuarto riman entre sí. Además, la estructura tiene que ser de esta manera:

Primer verso - Define al protagonista

Segundo verso- Indica sus características

Tercero y Cuarto versos- Se realiza un predicado, se cuenta algo sobre el personaje.

Quinto verso- Termina con un epíteto (adjetivo) extravagante (raro, extraño, sorprendente), y repite el nombre del primer verso, o puede repetir casi igualito el primer verso.

 

Para que tenga gracia, el Limerick presenta siempre alguna hazaña o característica desopilante (chistosa, graciosa) de un personaje.

pueblito
Son famosos los limericks de Edward Lear. Acá va uno de “Il libro del nonseso” de este autor:

Era un viejo de colina

de naturaleza fútil y cansina

sentado sobre una roca

cantaba coplas para una oca,

aquel didáctico viejo de colina.


Acá va otro:

A un señor de nombre Filiberto,

le gustaba ir siempre al café concierto

y al dulce sonido de tazas y cucharones

comía trompetas, clarines y trombones

aquel musicófilo señor Filiberto

 

 

Esta es una serie de limeriks de María Elena Walsh, del libro Zoo Loco

 

Una vaca que come con cuchara

y que tiene un reloj en vez de cara,

que vuela y habla inglés,

sin duda alguna es

una vaca rarísima, muy rara.

 dibujo-de-gato-gatito-para-colorear

Un gato concertista toca Liszt,

una lechuza va y le dice: -Chist,

me aburres por demás,

cambia ya de compás

que tengo ganas de bailar el twist.

 

Si cualquier día vemos una Foca

que junta margaritas con la boca,

que fuma y habla sola

y escribe con la cola,

llamemos al doctor: la Foca es loca.

 gallo_gallinaUn Gallo a una Gallina preguntó:

¿Cocorocó? ¿Cocorocó cocó?

la Gallina, indecisa,

primero le dio risa,

pero después le contestó que no.

 

Parece que en Japón había un Mono,

Que dormía la siesta con kimono.

- Que cosa rara es

- decía un Japonés

- ver a un Mono en kimono haciendo nono.

 

Paloma, Palomita de la Puna, paloma-de-la-paz

mira que no te roben tu fortuna,

esa que con descuido

olvidas en el nido:

un rayito de sol y otro de luna.

 

 

¿Y entonces, que son los Limericks? Que mejor que una autodefinición:

 

The limerick’s birth is unclear;

It’s Genesis owed much to Lear.

It started as clean,

But soon went obscene,

And this split haunts its later career.

 

Es que el origen de los limericks es en inglés, así que les dejo algunos para ver si los pueden entender solos, o con alguna ayuda de papis, maestras y/o el diccionario:

 

The first law of Newton I sing

My voice has a relevant ring:

“An object left free

Of hassles will be

Engrossed in just doing its thing.”

 

(Edward H. Green)

 

There was a young student called Fred,

Who was questioned on Descartes and said:

” It’s perfectly clear

That I’m not reallly here,

for I haven’t a thought in my head “

 

(V.R.Ormerod)

 

Ahora, ¿quíen se anima a inventar su propio limerick?

Lecturas salpicadas de lluvia

Van juntos conversando un paraguas y un viejo abrigo ,
en la lluvia de invierno”
ani_cat_its_raining
Dedos de lluvia
Jano Antrix
La lluvia con sus deditos
está jugando en la charca
dibujando redondelas
que se cruzan y se agrandan.
La lluvia con sus mil dedos
y manos acristaladas.
La lluvia se emborrachó
tanto que se está cayendo
y arma el tremendo barullo
bailando encima del techo.
La lluvia tiene mil patas
con zapatillas de hielo
Se puso triste la lluvia
y llora desconsolada
sus lágrimas de silencio
me las pega en la ventana.
La lluvia por pura envidia
quiere meterse en mi cama.
El viento que iba pasandose
detuvo a consolarla
la lluvia juega al pillarse
con el viento que la atrapa.
El viento junto a la lluvia
le hacen cosquilla a mi casa.

pluf

La historia de Gustavo Filipelli
Ana María Shúa
Por correr en un día de lluvia
Gustavo Filipelli resbaló,
cruzó mal la avenida patinando
y por poco lo pisa un camión.
Tenía tal impulso Filipelli
que de un solo terrible resbalón
llegó hasta la misma cordillera
y en las montañas casi se estrelló.
Embocó la cordillera por un paso,
cruzó Chile con un único empujón
y en la mitad del Océano Pacífico
se encontró resbalando sin control.
Venía tan rápido el muchacho
que rozaba la espuma sin hundirse.
En la isla de Pascua estuvo a punto
de voltear una estatua antes de irse.
Atravesó toda Australia, África entera
sin siquiera cambiar la dirección,
atravesó el Atlántico imparable,
se llevó de recuerdo un tiburón,
y llegó hasta la puerta de su casa
todo junto, en el mismo envión.
La aventura de Gustavo Filipelli
me insipó un pensamiento profundo:
“Nunca corras en días de lluvia
si no planteaste dar la vuelta al mundo”

Haikus sobre la lluvia:

  • El haiku|俳句, derivado del haikai, consiste en un poema breve de tres versos, de cinco, siete y cinco sílabas por lo general, pero suele variar según cada autor.
  • Es una de las formas más bellas de literatura japonesa.
  • A continuación podrás leer cuatro haikus sobre la lluvia. ¿Te animás a inventar dos más?
I
Cuando la lluvia
acaricie la tierra
yacerán juntas
II
Asoma un cuerno de caracol
al amor de la lluvia
y se despereza
III
Por la mañana
claros entre las nubes
y algunos charcos
IV
Chocan las nubes
La gente se apresura
Piso los charcos

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Rinconcito de lectura

En 1945, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, se lanzó la primera bomba atómica (bomba A), sobre la ciudad de Hiroshima, Japón. La ciudad quedó destruida y murieron miles de personas. Aunque la bomba era cien veces más poderosa que una bomba común, ésta tenía un elemento que no se encontraba en las bombas comunes: la radiación. Sabemos que la radiación es muy peligrosa y que puede causar enfermedades tales como el cáncer.

Cuenta la tradición japonesa que las grullas, aves similares a las cigüeñas, viven miles de años y que, si un enfermo hace mil grullas de papel, se mejorará. De ello se trata este cuento de Elsa Bornemann titulado “Mil grullas”.

grullas1


¡Te invito a ingresar a la siguiente dirección para ver  mil grullas volando! Prepara tus oidos y tu visión para disfrutar de la música y los paisajes que ofrece el cielo: http://www.wikizapping.com/tags/item/grullas

Ahora sí, nos hemos informado sobre la historia de Hiroshima y sobre las grullas, para entender nuestro cuento del día:

¡Disfrutalo!

Mil grullas, Elsa Bornemann

Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos.

Porque ellos eran nuevos en el mundo. Tambíen, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían muy bien qué era lo que estaba pasando.

Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a la noticia de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes.

Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.

¡Ah… y también se estaban descubriendo uno al otro!

Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podían transitar ese imaginario senderito de ojos a ojos.

Pero Naomi sabía que quería a ese muchachito delgado, que más de una vez se quedaba sin almorzar por darle a ella la ración de batatas que había traído de su casa.

- No tengo hambre —le mentía Toshiro, cuando veía que la niña apenas si tenía dos o tres galletitas para pasar el mediodía—. Te dejo mi vianda —

Naomi… Poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas trenzas negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero ese futuro quedaba tan lejos aún…

El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano, que llegó puntualmente el 21 de junio y anunció las vacaciones escolares.

A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos una de la otra, sus familias no se conocían. Ni siquiera tenían entonces la posibilidad de encontrarse en alguna visita. Había que esperar pacientemente la reanudación de las clases.

Acabó junio, y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque…Se fue julio, y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque…Y aunque no lo supieran: ¡Por fin llegó agosto! —pensaron los dos al mismo tiempo.

Fue justamente el primero de ese mes cuando Toshiro viajó, junto a sus padres, hacia la aldea de Miyashima. Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas que veían apilarse vasijas en todos los rincones de su local.

¿Y Naomi?

El primero de agosto se despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba sobre la nieve.

El dos y el tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus:

Lento se apaga
El verano
Enciendo
Lámpara y sonrisas.

Pronto
Florecerán los crisantemos.
Espera,
Corazón.

El cuatro y el cinco de agosto se lo pasó ayudando a su madre y a las tías ¡Era tanta la ropa para remendar!

Sin embargo, esa tarea no le disgustaba. Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en un juego entretenido lo que acaso resultaba aburridísimo para otras chicas. Cuando cosía, por ejemplo, imaginaba que cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar un deseo para que se cumpliese.

La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó en el pantalón de su hermano menor el ruego de que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de su papá, el pedido de que Toshiro no la olvidara nunca…

Y los dos deseos se cumplieron.

Pero el mundo tenía sus propios planes…

Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima.

Naomi se ajusta el obi de su kimono y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?

“Ahora”, Toshiro Pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?

En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.

En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un cielo. El cielo de Hiroshima.

Un repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.

En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.

Dos viejos trenzan bambúes por última vez.

Una docena de chicos canturrea: “Donguri-Koro Koro- Donguri Ko…” por última vez.

Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.

Miles de hombres piensan en mañana por última vez.

Naomi sale para hacer unos mandados.

Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.

Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana. Y con ellos desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.

Ya ninguno de los sobrevivientes podrán volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.

Nadie será ya quien era.

Hiroshima arrasada por un hongo atómico.

Hiroshima es el sol, ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.

Recién en diciembre logró Toshiro averiguar donde estaba Naomi. ¡Y que aún estaba viva, Dios!

Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima, como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera ahora instalado dentro de ellos, en su misma sangre.

Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.

Sobre su mesa de luz, unas cuantas grullas de papel desparramadas.

-Voy a morirme, Toshiro… —susurró. No bien su amigo se paró, en silencio, al lado de su cama—. Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta…

Mil grullas… o “Semba-Tsuru”, como se dice en japonés.

Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesita. Sólo veinte. Después, las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.

- Te vas a curar, Naomi —le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado dormida.

El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.

Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporariamente alojados) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.

Hojas de diario, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.

La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.

Y así, en el silencio y la oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó primero novecientos ochenta cuadraditos y luego los plegó, uno por uno hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi

La vida de Naomi dependía de esas grullas.

- Prohibidas las visitas a esta hora —le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.

Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su lecho, Por favor…

Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma aparentemente impasililidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió que entrara: -Pero cinco minutos, ¿eh?

Naomi dormía. Tratando de no hacer el mínimo ruidito, Toshiro puso una silla sobre la mesa de luz y luego se subió. Y en un rato estaban las mil grullas pendiendo del techo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.

Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando. Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos. - Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas —y el muchacho abandonó la sala sin darse vuelta. En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento Los ojos de Naomi seguían sonriendo. La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer el horror instalado en su sangre?